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La Ceiba del Templete

24 mayo 2009 2 comentarios

Vista actual de La Ceiba del TempleteEl sobrio y pequeño edificio neoclásico conocido por El Templete, situado en uno de los bordes de la Plaza de Armas de La Habana Vieja, pareciera dominado arquitectónicamente por sus vecinos del Castillo de la Fuerza, el Palacio del Segundo Cabo o el imponente Palacio de los Capitanes Generales, todos emblemas significativos del poder español en Cuba durante el período colonial. Sin embargo, la enorme carga simbólica de esta edificación para la historia pasada y presente de la ciudad, sigue desafiando con sus sólidas columnas rematadas por piñas —“la airosa piña de esplendor vestida / la pompa de mi patria”, como la entrevió el poeta alucinado Manuel de Zequeira y Arango— y su majestuosa ceiba —“el Briareo, que con cien brazos abiertos parece amenazar los cielos eternamente”, al decir del polígrafo Esteban Pichardo— la monumentalidad que la circunda, mientras generaciones de cubanos acuden allí cada 16 de noviembre, con la secreta esperanza de hacer cumplir sus más íntimos deseos.

Dice la sabiduría popular que las palabras se le meten por su tronco arrugado y gris, son las palabras mudas que están en las manos, en las puntas de los dedos que se estiran para tocarla, en las palmadas que la dan como si ésta fuera un familiar, en los brazos que se aferran a ella y la abrazan.

Es por ello, que el día en que se celebra la fundación de la ciudad de La Habana, la madre de los árboles y los hombres, la madre del mundo, ofrece cosas imposibles.

Haya ciclón o no, frío o calor, los fieles no faltan a su cita con el árbol. A las doce en punto de la noche, alguien tira los primeros centavos a los pies de la Ceiba y las puertas del Templete quedan abiertas.

La Ceiba del Templete, es una de esas tradiciones religiosas que se siguen cada año para conmemorar el aniversario de la ciudad, porque es el único día del año que acepta confesiones.

Producto del sincretismo que resultó del encuentro caribeño de la cultura africana y la española, esta particular celebración se realiza cada 16 de noviembre y tiene profunda relación con las leyendas africanas de ese árbol y las del Orisha Aggayú Solá.

Tradicional vuelta a La Ceiba del templeteHasta nuestros días, la razón que puede hallarse a los orígenes de este hábito anual basado en un hecho que aparentemente no ocurrió, es que el 16 de noviembre, día que se escogió en Cuba para venerar al patrón de la ciudad, San Cristóbal, por especial resolución de un breve pontificio se trasladó su conmemoración a esa fecha -antiguamente se celebraba el día 25 de julio- para que no coincidiera con la celebración que, ese mismo día, ocurría en España en honor de Santiago, patrono de ese país.

Al respecto, narran las crónicas de la época:

“En estos días, cuando tenemos tantos periódicos y se publican muchos libros, de cualquier suceso que ocurra se conserva la constancia escrita y, claro está, que de ese suceso se pueden tener noticias ciertas al correr de los años. Pero no siempre fue así.

“Cuando La Habana se trasladó a su actual asiento no había periódicos, ni en Cuba se publicaban libros. De los hechos importantes se conservaba el recuerdo a veces por actas que de ellos se levantaba, o por los documentos escritos de puño y letra de las autoridades, o por sus agentes.

“De hechos acaecidos hace mucho sabemos por la tradición o transmisión de noticias, oralmente, de generación en generación. Esto quiere decir que el padre las refería a sus hijos, estos a los suyos, y se continuaba la cadena sin interrupción. Pero de los hechos así recordados se olvidan los detalles y otros se modifican, y llega un momento en el cual lo que se refiere es muy distinto de lo que vieron nuestros abuelos… o los abuelos de nuestros abuelos.

“En ocasiones alguien se encarga de escribir, y hasta de publicar, lo transmitido de padres a hijos. Pero lo que escribe, ya deformado por el tiempo, tiene más de leyenda que de historia. La leyenda, por lo general, narra los sucesos de modo que tienen más de maravilloso que de reales. La historia, como se basa en documentos escritos y en otros testimonios, refiere las cosas más de acuerdo con la verdad.

“Muchas de las cosas que leerás en este libro tienen más de leyenda que de historia. Vamos ahora a referir una de ellas, cuya veracidad han negado hombres muy sabios en la historia patria. Pero si los hechos que siguen no ocurrieron, tiene tanta belleza el narrarlos que bien merecen el ser conservados como reales.

“Ya los conquistadores, después que abandonaron sus casas y sus tierras cenagosas en la boca del río Mayabeque, lugar propicio a las enfermedades y a las mortificaciones de los insectos y triste por lo poco frecuentado de sus aguas, y después de breves estancias o paradas junto a un bello río de claras y abundantes aguas, han llegado a lo que se les antoja tierra de promisión. Felices y esperanzados “los rudos hijos de la aventura” han llegado a bellísimo lugar no lejos de la orilla de una bahía hermosa y abrigada. Y mientras se entregan a breve descanso, contemplan a su frente el mar, de aguas azules y agitadas y respiran, a pleno pulmón, el aire pletórico de oxígeno.

“El descanso de los conquistadores no será muy largo. Hay que dar gracias al Todopoderoso que ahora les brinda oasis propicio, y es necesario también designar autoridades, y celebrar el primer cabildo, y señalar el terreno que ocupara la iglesia, y el de la plaza, y el de las moradas de los vecinos. ¿Sería cosa muy fuera de juicio el pensar que alguno de aquellos esforzados pero molidos caballeros acaso contemplara, en su imaginación, el paso de los años, y las décadas, y los siglos, y que tras ellos viera alzarse en el lugar magnífica ciudad que nada envidiaría a las más bellas y ricas ciudades marítimas de España?

“Había que dar gracias al Todopoderoso. Mas, ¿dónde se alzaba el templo propicio para hacerlo? Miró en derredor el buen padre Martín y, entre muchas plantas de verde más grato que el verde de las esmeraldas, descubrió una ceiba que ensayaba alcanzar el cielo con sus ramas. Y hasta allí, debajo de la opulenta ceiba fueron los conquistadores rudos, y cayeron todos de rodillas, y las plegarias, que ya parecían olvidadas, afloraron a los labios en Homenaje humildísimo al Señor…

“…Y la ceiba fue también la primera casa ayuntamiento. A su sombra se reuniría el primer cabildo. Aquellos hombres de lucha y de trabajo, darían a la villa, cuyas edificaciones no habían comenzado, su gobierno. La Habana tendría, por el momento, como templo y como casa consistorial, el abrigo y el amparo de una ceiba, pero tendría su alcalde, con más poder y facultades que los alcaldes de hoy; y tendría también sus regidores, algo parecido a nuestros concejales, y hasta su escribano para dar de todo fe y su alguacil para ejecutar los mandatos del alcalde.

“Dicen las historias que en 1753 el Gobernador Don Francisco Cajigal hizo derribar la ceiba, construyendo un pilar que señalase el histórico sitio, pilar alrededor del cual sembró tres nuevas ceibas. Más tarde, en 1828, otro Gobernador, Don Dionisio Vives, mandó a construir El Templete, que también conoces, derribándose las tres ceibas y plantándose una nueva en el lugar.


“En marzo de 1828 se inauguró El Templete con todo

esplendor, concurriendo al acto el buen obispo Espada, del que más adelante hablaremos. En el interior de El Templete hay algunas buenas pinturas que se refieren a la primera misa y a la reunión del primer cabildo.”

El Ayuntamiento de la Habana por Néstor Carbonell y Emeterio S. Santovenia impreso por Seoane y Fernández, Compostela 121, en 1919 en La Habana, Cuba.

Vista actual de la Ceiba del Templete

En agosto de 1959, a la ceiba original se le diagnosticó clorosis aguda y debilitamiento progresivo. Tal como si fuera un ser humano, trató de ser salvada inoculándole un suero fisiológico vegetal en el torrente circulatorio, pero el ejemplar de 131 años (era el mismo de los tiempos del Obispo Espada) terminó cediendo su lugar a un lozano brote, que es el que hoy admiramos, convertido ya la nueva y espléndida Ceiba del Templete que los habaneros rodean cada vigilia del 16 de noviembre.

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Ver más:

  • Infomapa de La Plaza de Armas.

  • El Templete en nuestras Guias Temáticas.

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