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La Calle Obispo

22 noviembre 2009 Sin comentarios

La calle Obispo tuvo su origen en el siglo xvi en una fecha próxima a la fundación de la Villa de San Cristóbal de la Habana, ocurrida en el año 1519. Si tenemos en cuenta el trazado en damero, a partir de una plaza mayor de las ciudades hispanoamericanas, sabremos el por qué de la importancia que siempre ha tenido esta calle ubicada al sur de la Plaza de Armas y a un costado del Palacio de los Capitanes Generales, que corre desde las riberas de la bahía hasta la Calle de Monserrate, donde hasta el derribo de las murallas, iniciado el 8 de agosto de 1863, existió una puerta de entrada a la ciudad desde los barrios de extramuros.

Sus primeras edificaciones fueron bohíos de yaguas y guano, similares a los existentes en el primitivo núcleo urbano de la naciente villa, las que serían sustituidas con posterioridad por casas de rafas y tapias con paredes de maderas y cubiertas de tejas.

De estos primeros años, las actas del Cabildo y la información gráfica que aportan algunos planos, como el del Puerto de la Habana que muestra la Villa y el Castillo de la Fuerza, fechado en 1567 y atribuido a Francisco Calvillo, contribuyen a darnos una idea aproximada de la ciudad, de sus casas y calles. También dos obras de extraordinario valor, Lo que fuimos y lo que somos o La Habana antigua y moderna, publicada en 1857, por el historiador José María de la Torre y La Habana Antigua, del doctor Manuel Pérez Beato, arrojan mucha luz sobre sus antiguos vecinos.

Por estos cronistas conocemos de la existencia de una lápida de piedra en la fachada de la entonces Casa de las Niñas de San Francisco de Sales, en la esquina de Oficios y Obispo, hoy Restaurante La Mina, considerada el monumento epigráfico más antiguo de la ciudad, en cuya inscripción se lee: “Aquí Murió Doña María Cepero, Herida Casualmente por un Disparo de Arcabuz, Año 1557. Pater Noster Anima Mea”.

LA CALLE OBISPO Y SUS NOMBRES

A lo largo de su existencia varias han sido las denominaciones que ha tenido esta calle. Sus nombres, al igual que el de otras importantes arterias habaneras, nacieron del ingenio popular. Se llamó Calle de San Juan, porque conducía al Convento de San Juan de Letrán, de la Orden de Santo Domingo, erigido en el siglo xvi; del Consulado por establecerse en ella en 1794 el edificio del Real Consulado de Agricultura y Comercio, de los Plateros por unos artesanos afincados en ella.

Afirma a su vez el historiador y arquitecto Manuel Fernández Santalices, en su obra Las calles de la Habana Intramuros. Arte, historia y tradiciones en las calles de la Habana Vieja, “que en 1776 se le llamaba calle de su Señoría Ilustrísima, después del Obispado. En 1810 calle del señor Obispo y hasta hoy simplemente Obispo.” La primera designación resulta poco conocida por la historiografía, no así las siguientes, donde existe un gran consenso.
Para varios historiadores se denominó Calle del Obispo porque en ella vivió el Obispo Pedro Agustín Morell de Santa Cruz (1694-1768), quien hizo de su andar por esta calle toda una costumbre. Sin embargo, el doctor Pérez Beato parece no estar muy de acuerdo en atribuirle tal designación a este prelado al plantear lo siguiente:

“Es de notar que mucho antes que ocupara la mitra el señor Morell, vivía en la calle que se trata el obispo Fr. Jerónimo de Lara, que falleció en 22 de junio de 1644. En cabildo de 2 de diciembre de 1641, pidió Tomás de Armenteros, merced de una cuadra de solares en el barrio de Cayaguayo, siguiendo las cuadras desde la esquina de la morada del Sr. Obispo (Obispo y Compostela) y esquina y casa de Doña Juana Jaxinta (…)”

Tal vez el juicio más certero para desentrañar el origen de tales designaciones, es decir calle del Obispo o de los Obispos, lo aporta el propio Fernández Santalices cuando expresa: “la razón más verosímil de estos últimos nombres es que en la esquina de Oficios estuvo la residencia de los obispos, por su cercanía a la Parroquial Mayor. El que estableció la residencia episcopal en esta casa fue el prelado Alfonso Enriquez de Almendariz (nombrado obispo de Cuba en 1610), en parte del solar de los Cepero, familia de uno de los conquistadores y primeros pobladores de la villa.”

A partir del siglo xix o quizás antes, los vecinos de la ciudad habían acuñado el nombre de Obispo para esta importante calle de intramuros. A lo largo de esa misma centuria se convirtió en la más comercial de las calles citadinas, ganando gran popularidad y arraigo entre nacionales y extranjeros.

Profanar su nombre en el mejor sentido resultaba una herejía. Por más de un siglo la Calle del Obispo o simplemente Obispo mantuvo inalterable su denominación. El 8 de febrero de 1897, el Ayuntamiento de la Habana tomó el acuerdo de cambiar su nombre por el de Weyler, en honor al sanguinario Capitán General Valeriano Weyler y Nicolau, quien gobernaba la Isla por entonces con su tristemente célebre Bando de Reconcentración, en lo que resultó la mayor ignominia al pueblo de Cuba y al Ejército Libertador que luchaba por la independencia nacional.

Muy pronto la calle Obispo recuperó su nombre. La costumbre, la tradición y la historia lograron imponerse. En diciembre de 1898, coincidiendo con el fin de la dominación colonial española, se le restituye su antiguo nombre. Sobre este especial momento, la periodista del diario Juventud Rebelde Katiuska Blanco escribió:

“Sacudido el país de la opresión peninsular de tanto tiempo, las muchedumbres exaltadas enrumbaron sus pasos desde las cercanías de la Bahía hasta el centro de la ciudad para despojar a las paredes mugrientas de cada esquina, de los muros de las bifurcaciones a lo largo de la vereda, de las tablillas que la identificaban con el nombre de Valeriano Weyler. Era el dolor que de repente se manifestaba en odio irrefrenable; viejos motivos lo alentaban.”

Apenas iniciado el nuevo siglo e instaurada la República muchas calles de La Habana pierden sus nombres antiguos y tradicionales, al ser sustituidos por nombres de patriotas cubanos, personalidades extranjeras o naciones amigas. Cambios, que a decir del Historiador de la Ciudad, Emilio Roig de Leuchsering, se realizaron de manera caprichosa e inconsulta. La calle Obispo no sería la excepción. El 27 de marzo de 1905 a propuesta del concejal Franciso Piñeiro, el Ayuntamiento de la Habana de manera unánime acuerda sustituir el nombre de Calle Obispo, por el de Pi y Margall, en honor al tribuno y republicano español que tantas simpatías demostró por la causa independentista cubana.

Aunque formalmente su nueva denominación estaría vigente por algo más de tres décadas, la tradición oral continuó llamándola por su nombre familiar: Obispo. El cambio definitivo no llegaría hasta el año 1936, cuando el Alcalde Municipal Guillermo Belt logra mediante el Decreto-Ley número 511, y de acuerdo con un informe de Emilio Roig, restituir los nombres antiguos, tradicionales y populares de las viejas calles habaneras. De esta manera se adopta, como nombre oficial, su primitiva denominación Calle Obispo, la cual llega hasta nuestros días.

Desde fechas bien tempranas esta arteria de intramuros fue ganando espacios hasta dominar, conjuntamente con la calle O´Reilly, el comercio minorista y establecerse en ella los mejores bazares, comercios especializados y tiendas de la ciudad. Influyó en ello, como ya hemos hecho notar, su favorecida ubicación y su cercanía a la zona portuaria.
Cabe agregar que Obispo siempre tuvo el privilegio de estar entre las mejores calles adoquinadas de la ciudad, no siendo precisamente éste un rasgo que distinguiera la trama urbana de la vieja urbe. El gobernador Miguel de Tacón en 1834 apuntaba que “el estado de las calles de la capital era lamentable por donde quiera que se considerase”; sin embargo, Jacobo de la Pezuela al referirse años después a la calle Obispo nos dice:

“A pesar de su estrechez en algunos espacios, es una de las mejores calles de la capital de la isla, y muy semejante á la calle O´Reilly en su buen empedrado, movimiento y gran número de los mejores estable-cimientos de comercio”.
Resultó pionera del alumbrado público. El propio Antonio Juan Parejo, director de la Compañía Española de Gas, durante el gobierno del Capitán General Leopoldo O´Donell, prometió al Ayuntamiento habanero “iluminar toda la ciudad intramuros con igual número de luces, en todas las calles, al que tienen las de Obispo y O´Reilly”. A pesar de su excepcional significación, en 1860 se encomendó por las autoridades coloniales el estudio de un proyecto para el ensanche de las calles de Obispo y O´Reilly, dada la necesidad de contar con una avenida expedita que conectara al puerto con la ciudad extramuros o la unión de ambas vías para formar una sola calle.

Afortunadamente este proyecto, que puso en peligro la existencia de tan significativa arteria, no se llevó a ejecución.

Otro testimonio elocuente del protagonismo y envergadura que había ganado esta popular calle, lo ofrece Francisco González del Valle en su libro La Habana en 1841 cuando hace notar:

“Las otras calles principales de entonces eran las de Obispo y O´Reilly, en las que estaban los más importantes establecimientos comerciales, como casas de modas francesas, confiterías y dulcerías, los más concurridos cafés y billares y algunas boticas, y eran además muy transitadas de día por desembocar ambas en la Plaza de Armas y Casa de Gobierno. Los paseos nocturnos hacia la Plaza donde algunas veces daban retretas, hacían afluir al público a pie, en quitrines y volantas”.

Pero no solo nuestros historiadores reconocieron en Obispo a una calle singular, también lo hicieron algunos cronistas extranjeros. Notable impresión debió causarle esta calle al viajero norteamericano Samuel Hazard, cuando en su famosa obra Cuba a pluma y a lápiz, publicada en Nueva York en 1871, nos dice:
“Llegamos a la calle Obispo. Ved el cuadro de vida y movimiento que se ofrece. Esta es una de las calles más animadas de la ciudad, donde se hallan los establecimientos más atrayentes, en toda su extensión, hasta fuera de las murallas de la ciudad, de la que se sale por la Puerta de Monserrate; el otro extremo de la calle está en el muelle de Caballería, en la bahía. Jamás se cansa uno de recorrer esta calle”.

Unido a su bien ganada notoriedad de gran corredor comercial, adornado con lujosas vidrieras y excelentes mercancías, hay que agregar su vínculo con grandes personalidades de nuestra historia. Fue Obispo testigo de grandes acontecimientos históricos y escenario de sucesos tras-cendentales. Al respecto, muy atinadamente señaló el doctor Roig: “En la Plaza de Armas y en sus edificios circundantes, puede decirse que se ha desarrollado la historia, no solo de La Habana sino también de toda la Isla, tanto en la colonia como en la República”.

Entre sus ilustres vecinos estuvo el filósofo y presbítero Félix Varela, quien vivió en la casa marcada antiguamente con el número 91, hoy 462 de la calle Obispo, cuadra comprendida entre las calles de Villegas y Aguacate. Sobre ella, refiere José María de la Torre que fue heredada de su padre, el capitán del Regimiento fijo de La Habana Francisco Varela Pérez, según consta de la escritura otorgada por el propio Varela, a la sazón subdiácono, con la asistencia de su abuelo y curador Bartolomé Caballero, ante el escribano José Ramón Sánchez el 17 de marzo de 1810.
También nació y vivió parte de su niñez en la calle Obispo, el líder estudiantil y comunista Julio Antonio Mella. Afirma la ensayista y profesora universitaria Ana Cairo, en su libro Mella:100 años, que su nacimiento se produjo el 25 de marzo de 1903, a las diez de la mañana en el domicilio de su madre, la señora Cecilia McPartland Diez, calle Obispo No. 67 (inmueble marcado hoy con los números 311 y 313 de la calle Obispo esquina a la calle Habana).

Otra gran personalidad vinculada con esta calle fue el escritor norteamericano y Premio Nobel de Literatura en 1954, Ernest Hemingway. Este narrador durante los años treinta se hospedó en el hotel Ambos Mundos, elegante edificio de arquitectura ecléctica edificado a finales de la década del veinte en el encuentro de las calles Obispo y Mercaderes. Durante su estancia escribió parte de su célebre novela For Whom the Bell Tolls (Por quién doblan las campanas) inspirada en la guerra civil española, en la cual había sido corresponsal. También inmortalizaría el Bar-Restaurante Floridita, “cuna del Daiquirí”, famoso cóctel a base de ron blanco que hizo suyo.

Sobre esta estrecha relación del escritor con el bar de Obispo y Monserrate, escribió Fernando Campoamor un interesante artículo donde nos dice: “Hemingway fue haciéndose parte humana del Floridita y abriendo su círculo de amigos cubanos, huéspedes de su esquina en el bar.” Con una mirada más contemporánea el profesor e investigador Fernando Dávalos en su obra Mi Habana Querida define eficazmente este nexo, cuando expresa: “Obispo la calle de Hemingway”.

El opulento hacendado don Joaquín Gómez9 también dejó su impronta en la Calle Obispo esquina a Cuba, al edificar para residencia familiar en 1836 un lujoso palacete de estilo neoclásico, convertido en 1885 en el Hotel Florida.
De igual manera, novedosos establecimientos tomarían asiento en la calle. El 3 de enero de 1841 se inaugura el primer estudio fotográfico de Cuba y de Iberoamérica en la calle Obispo, propiedad del norteamericano George W. Hasley, en la entonces casa marcada con el número 26 de Obispo entre Cuba y Aguiar (hoy 257).10
El fin del período colonial y la instauración de la República, marca nuevas pautas en la sociedad cubana. La ocupación militar, la presencia norteamericana y su influencia se hace sentir en el orden constructivo con su proyecto urbanizador. Al referirse a este período el investigador Carlos Venegas señaló: “Las primeras décadas del siglo xx, de acelerada renovación arquitectónica dentro del viejo recinto trajo asociado transformaciones y cambio de las funciones de los inmuebles”.

Unido a ello, tiene lugar en la zona intramuros un vertiginoso desarrollo de las funciones bancarias y financieras expresado en lo que se denominó el “Pequeño Wall Street habanero”. Ambas realidades no resultaron ajenas a la calle Obispo, donde se levantaron monumentales edificios públicos que transformaron sustancialmente su arquitectura colonial. Entre ellos tenemos el Banco Nacional de Cuba (hoy Ministerio de Finanzas y Precios) edificado en 1907 por la reconocida firma nortea-mericana Purdy & Henderson, considerado el primero de los “rascacielos” de la ciudad, el Banco Mendoza (actual Museo Numis-mático), construido en 1915, por la sociedad de arquitectos, ingenieros y contratistas Morales y Mata, el Trust Company of Cuba fabricado entre los años 1911 y 1913 por la compañía Huston Contracting Co., y el Banco Gómez Mena, obra concluida en 1921 por la firma Rafecas y Toñarelly.
Otras edificaciones enmarcadas dentro de este auge constructivo, que consolidaron la nueva imagen arquitectónica de Obispo, al emplear nuevas técnicas como el hormigón armado o las estructuras metálicas, fueron el edificio Horter (actual Museo de Historia Natural), la droguería Johnson, el Hotel Ambos Mundos, el Ten Cents y la Western Union (edificio que actualmente ocupa el Centro Multiservicios de ETECSA) .

La modernidad se apoderó de Obispo. Poco a poco viejos rasgos y tradiciones provenientes del pasado colonial desaparecieron, se imponía el patrón estético norteamericano. La construcción de grandes edificios en el segmento de Obispo comprendido entre las calles de Oficios y Aguiar, hizo desaparecer el entoldado de sus antiguos establecimientos, curioso aspecto que siempre lo distinguió. En La Habana, al igual que en muchas ciudades andaluzas, era una arraigada costumbre dar sombra a las estrechas y concurridas calles comerciales mediante toldos.

En 1910, en medio de los aires renovadores que vivía la ciudad, es presentado un nuevo proyecto al Ayuntamiento de la Habana por el señor Tiburcio Castañeda, para la construcción de un pasaje por las calles de Obispo y O´Reilly. Su objetivo era el ensanche y saneamiento de las citadas vías, mediante la demolición y reconstrucción de todas las casas de ambas calles y sus transversales. Afortunadamente la Alcaldía desaprobó su ejecución y evitó una sensible pérdida al patrimonio arquitectónico.

A partir de los años 30, se consolidan como importantes vías comerciales, arterias como San Rafael, Galiano o Neptuno, al experimentar un gran desarrollo en la actividad comercial y los servicios, que se expresa en la construcción de modernas tiendas por departamentos, grandes almacenes, casas de moda y de objetos de arte, joyerías, peleterías y hoteles. Obispo comienza a perder jerarquía ante el empuje y competencia de estos flamantes y lujosos establecimientos, muchos de los cuales se consagran en satisfacer el refinado gusto de la burguesía.

No obstante, importantes casas comerciales como la Villa de París, el Palais Royal o el Correo de París, consideradas entre las mejores de la ciudad, permanecerán en Obispo atrayendo a una numerosa clientela. A ellas se suman otros establecimientos de reconocido prestigio y antigüedad como son La Casa Piñeiro, dedicada al giro de artículos para caballeros, La Sección X, comercio especializado en artículos para regalos, cristalería y juguetes, La Francia, considerada decana de las confecciones masculinas en la ciudad, La Casa Langwith, consagrada a la venta de semillas, hortalizas, plantas y flores, La óptica “El Almendares”, la panadería y dulcería “San José” y el Café Europa, entre otros.

Durante las décadas del 40 y 50, algunos comercios de la calle Obispo desaparecen, cambian de lugar o simplemente son sustituidos por otros. De este período las transformaciones arquitectónicas más significativas ocurridas fueron la construcción de un moderno edificio, estilo Art Decó, en la esquina de Obispo y Bernaza, para la nueva sede de la librería “La Moderna Poesía”, y el monumental inmueble levantado en la manzana que ocupara el antiguo Convento de Santo Domingo, destinado a sede del Ministerio de Hacienda, que con posterioridad devino asiento del Ministerio de Educación.

Con el triunfo revolucionario del 1 enero de 1959, entraron en vigor las primeras medidas y leyes promulgadas por la Revolución. El 13 de octubre de 1960, se dictó la Ley 890, que dispuso la nacionalización de todos los bancos nacionales y extranjeros. En virtud de ello, varias entidades bancarias de la calle Obispo tuvieron un cambio de uso de suelo. Algo similar ocurrió con el amplio sistema comercial de Obispo, cuando los comercios pasaron de manos privadas a estatales. Muy pronto antiguos comercios se transforman en viviendas y comenzó un deterioro paulatino del valioso conjunto edificado de la calle Obispo.

A mediados de los años 80 se suprime el tránsito de vehículos por Obispo y se define como una calle peatonal. La peatonalización respondió a un proyecto elaborado por la Dirección Provincial de Arquitectura y Urbanismo, cuya idea central era tener un eje peatonal continuo desde la Plaza de Armas hasta Galiano, que incluía pasos soterrados por Prado, Zulueta y Egido con aberturas de luz en el Parque Central.

En octubre de 1993, el territorio que comprende el Centro Histórico, se declara Zona Priorizada para la Conservación, a partir de la promulgación del Decreto Ley No. 143 del Consejo de Estado, que fortaleció la gestión y autoridad administrativa de la Oficina del Historiador. Ello posibilitó frenar el fuerte proceso de deterioro del fondo edificado y marcar un viraje en la labor de rehabilitación. Pronto comienzan a recuperase viejos inmuebles de la calle Obispo, muy dañados por el paso del tiempo.

Un segundo y decisivo impulso al proceso inversionista y en consecuencia a la obra de reanimación de este importante corredor comercial tuvo lugar en septiembre de 1995, al reconocerse mediante el Acuerdo No. 2951, del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, la condición de Zona de Alta Significación para el Turismo a La Habana Vieja.

A manera de resumen podemos decir que aún cuando falta un buen trecho por recorrer en la recuperación definitiva de este eje comercial, la obra restauradora de la Oficina del Historiador en la calle Obispo muestra signos muy positivos. Hoy constituye una realidad palpable el rescate de su función tradicional: “el comercio”, actividad que desde sus orígenes la identificó, a la que se suman los negocios de la hotelería y los servicios.

Tomado de: Palabra Nueva

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